Procrastinación en la Salud – ¿Hasta Cuando?

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¿En que consiste la Procrastinación en la Salud?

La procrastinación o el procrastinar es la actitud de postergar, diferir o aplazar de forma crónica. No hay que confundirlo con priorizar, dejando las cosas menos importantes para el final. Procrastinar tampoco es sinónimo de pereza o vaguería. En la procrastinación hay una disonancia entre lo que a uno le gustaría hacer y lo que hace.

La procrastinación implica una continua falta de compromiso con grandes decisiones como dejar de fumar, hacer ejercicio, comer más sano, dejar una relación destructiva, etc… y también con “pequeñas” decisiones: llamar a mi amiga para preguntar cómo está, ir al dentista a hacerme la revisión que me recomendó el médico, etc… Situaciones que llevan al que lo padece a un estado de insatisfacción y de frustración permanente, a veces sin saber el por qué. ¿Conoces a alguien que lo sufra?. Sí ¿verdad?.

¿Qué provoca la procrastinación?

Los pilares de la procrastinación son la baja autoestima y la baja tolerancia al estrés.

La falta de compromiso y la autodisciplina afectan directamente a la autoestima y así a nuestra capacidad de postergar las cosas. El estrés es fruto de que nos sobrepasan las tareas cotidianas. Esto provoca un rechazo a las imposiciones y a ser controlados. En última instancia, dejamos de hacer las cosas para evitar la responsabilidad, el compromiso. Este fenómeno es característico del procrastinador, quien ha adquirido un cierto temor al fracaso (o al éxito) aceptando las cosas con pasividad y resignación.

El exceso de confianza es una actitud muy común que puede terminar en procrastinación. El control (aparente) sobre una tarea hace que nos relajemos y que no le prestemos la atención suficiente. Hasta que un día salta la alarma y nos damos cuenta de que hemos perdido el control. Directamente nos engañamos a nosotros mismos (“todavía tengo tiempo”)… empezamos a procrastinar! Y a plantearnos las continuas promesas: el 1 de enero dejo de fumar, mañana voy al gimnasio, etc… que terminamos por incumplir. El hecho de tenerlas a mano, de ser tan aparentemente fáciles, han supuesto una trampa.

“Tengo otras cosas más importantes en las que pensar que ponerme a andar”, “Puedo dejar de fumar cuando quiera”, Todavía tengo tiempo” “No me gusta que me digan lo que tengo que hacer”… son frases típicas del procrastinador.

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